Archivo de la categoría: política

CENSURA 2.0

[Un anciano de aspecto ajado pero con un espíritu lleno de entusiasmo}

Mi primer libro denunciaba las atrocidades y los abusos de la dictadura de mi país.

Lo censuraron de inmediato. Pero yo pagué por una tirada de cien copias en una imprenta ilegal. Y luego las regalé todas. Sólo le pedí a la gente que pasaran el libro a alguien más después de leerlo.

No sabría decirte cuanta gente lo leyó. Probablemente miles ya que luego se distribuyó en fotocopias. Lo que sí se con seguridad es que la gente empezó a hablar de él y mis ideas comenzaron a extenderse, a conectar con la gente.

La prueba es que, el gobierno me mandó al exilio poco después.

Pero no me di por vencido. Al poco de emigrar acá, empecé a escribir mi segundo libro, aún más crítico con el gobierno de mi país; pero también señalando las trampas y las deficiencias que había experimentado en esta democracia en la que vivía.

Trabajé tan rápido como pude, siempre agradecido por la libertad de expresión que me permitía escribir lo que quisiera.

Y, sí, había anticipado que sería difícil encontrar quien publicara ese nuevo libro, pero no que fuera casi imposible. En mi país no lo habrían querido imprimir por miedo a acabar en la cárcel.  Aquí, por miedo a perder dinero.

Terminé por publicarlo yo mismo. Igual que mi primer libro. Y luego lo distribuí en algunas librerías independientes.

Nadie lo compró.

Lo puse a mitad de precio. Sólo consiguió empeorar el asunto. La gente asume que algo barato no tiene valor.

Y sólo me rendí cuando entendí que estaba siendo víctima de la censura más eficiente jamás inventada. El mercado libre. Un sistema consciente de que reprimir ideas es la mejor formas de hacerles publicidad; que la gente desea lo que está prohibido. Así que dejan estas ideas libres en un mundo lleno de películas tontas, literatura escapista, grandiosos espectáculos de masas… donde desaparecerán, ignoradas por el público, despreciadas por su falta de rentabilidad.

Pero no estoy acabado. Tengo planeado regresar a mi país de forma clandestina y escribir un tercer libro.

Ojalá lo censuren como el primero.


Copyright Abel González 2017

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LA MAQUINA QUE TODOS CONSTRUIMOS

[Un hombre de mediana edad con una bata de taller. Tiene una cara gentil y una actitud dócil. Habla en voz baja, como si tuviera miedo.]

«Apenas había trabajo en el taller, así que cuando llegó el pedido, bueno, fue un alivio.

Según las especificaciones, el cliente quería que fabricáramos una pieza muy sofisticada, y tan compleja que nos llevaría al menos seis meses terminarla. En otras palabras, seis meses de trabajo facturables a muy buen costo.

Las especificaciones no aclaraban qué tipo de máquina se construiría con nuestra pieza, y aunque solía preguntármelo al principio, la verdad, estaba tan ocupado organizando la producción que pronto se me olvidó. Además, este tipo de secretismo es habitual en nuestro negocio. Espionaje industrial, patentes en trámite, todas buenas razones para que el cliente no compartiera su diseño final con nosotros.

El caso es que, a mitad del trabajo, empezamos a retrasarnos y, por miedo a no llegar a la fecha de entrega, me puse a buscar mano de obra extra. Llamé a mis amigos en otros talleres y, para mi sorpresa, descubrí que ellos mismos estaban buscando trabajadores temporales. Al parecer, todos los talleres de la ciudad estaban ocupado fabricando piezas para esta “máquina misteriosa”; así es como la llamaban algunos.

Me tentó preguntarle a mis colegas si no les inquietaba que estuviéramos construyendo piezas para una máquina de la que no sabíamos nada. Pero, ¿para qué cuestionar un trabajo que había traído empleo y ganancias? A nadie le agrada un aguafiestas…

Así que me limité a pagar horas extraordinarias a mis empleados para que la producción continuara como estaba previsto y, unos meses más tarde, terminamos la pieza a tiempo.

La noche que la entregamos hicimos una fiesta para celebrarlo. Lo crean o no, algunos trabajadores lloraron; así de apegados estábamos a la pieza.

Unas semanas más tarde, y sin previo aviso, las autoridades desplegaron en las calles una gigantesca máquina que, en un solo ataque, aniquiló a miles de protestantes.

Nadie lo admitirá, pero lo cierto es que la mayoría sospechábamos qué clase de maquina iban a construir con nuestras piezas.

Aunque para qué negarlo… fabricarlas nos hizo tan felices.»


Copyright Abel González 2016

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EL CUERPO Y LA CORPORACIÓN

[Un hombre de cincuenta años vestido de traje.]

«¿Recuerdan ese derrame de desechos industriales hace unos años? ¿El que contaminó nuestra bahía y arruinó a todos los pescadores?

Yo fui uno de los abogados que representó a los pescadores en la demanda contra la corporación responsable. Y, como tal vez ya saben, después de dos largos años de litigación, el jurado se decidió por un veredicto de inocente.

Mis clientes no podían creerlo; Estaban destrozados… les costaba entender cómo el obvio culpable de un crimen podía salir impune de esa forma.

Así que les conté esta historia para ayudarles a entender.

Les pedí que imaginaran que encuentran a un cadáver que ha sido acuchillado varias veces… y al lado del cadáver hay un tipo con un cuchillo ensangrentado en la mano.

El tipo, un claro sospechoso, no se resiste al arresto… de hecho, es muy educado y colabora por completo con la policía.

Como es de esperar, le acusan de asesinato; pero cuando llega el juicio, y para el asombro de todo el mundo, el tipo declara que él no lo hizo, y asegura después que fue su mano derecha la que, actuando por su cuenta, empujó el cuchillo dentro del cuerpo de la víctima…

Así que suben a la mano derecha del tipo al estrado. Y allí, entre sollozos, la mano declara que él sólo estaba sujetando el cuchillo cuando los pies del tipo empezaron a caminar hacia la víctima…

Para confirmarlo, le piden a los pies del tipo que declaren, comenzando con el pie derecho que rápidamente clarifica que fue el pie izquierdo el que dio el primer paso.

El pie izquierdo, acorralado, acusa al corazón del tipo y dice que él le forzó a hacerlo, ya que no se podría haber movido sin su constante suministro de sangre.

Así que también llaman al corazón quien, en un giro inesperado, acusa al cerebro del crimen… “él lo ideó todo” dice.

Y uno pensaría que ese es el desenlace final… ¡el cerebro lo hizo!

Pero no es así porque el cerebro rápidamente se excusa señalando que fueron los ojos del tipo los que seleccionaron a la víctima…

Los ojos, a su vez, acusan a la boca de ser el que llamó a la víctima; la boca hace algo parecido con las orejas, las orejas con la nariz, etc.

Y, al final, el caso está tan embrollado, tan confuso, que es imposible culpar al tipo… o a ninguna de las partes de su cuerpo.

Así que sale en libertad y sin castigo. Igual que en nuestro caso.

Porque, sí, muchos miembros de la corporación se presentaron a nuestro juicio…

Pero entre ellos no había ni una sola conciencia.»


Copyright Abel González 2016

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