EN SILENCIO

https://vimeo.com/147504856

VERSIÓN EXTENDIDA:

[Una mujer de treinta y tantos años. Habla con un tono melifluo pero su mirada indica inteligencia. Lleva un teléfono celular en la mano.]

«Mi madre falleció hace poco… y de repente.

Los primeros días después de su muerte la echaba tanto de menos que no podía dejar de mirar fotos de ella… creo que tenía miedo a olvidar su rostro.

Repasé todas las imágenes en la que aparecía. Busqué en álbumes, cajas de zapatos, mi teléfono, mi computadora…

Me interesaban sobre todo los retratos que la capturaban en un pose natural, ajena a la cámara. Solía mirar esas imágenes durante tanto tiempo… intentando encontrar un rastro de su alma, de su verdadero ser… y tal vez por eso, por mi insistencia, las fotos empezaron a perder su significado poco después. Se convirtieron en meras representaciones de mi madre… mentiras en cierto modo.

Luego pasé a escuchar sus mensajes grabados en mi teléfono… docenas de ellos.

Los escuché una y otra vez, con mucho cuidado, intentando encontrar a mi madre en sus saludos, en sus peticiones de que la llamara tan pronto llegara a casa…

Al principio me hacían sentir bien… como un bálsamo…

Hasta que un día sus mensajes empezaron a sonar artificiales… podía predecir lo que iba a decir; empecé a burlarme de sus inflexiones…

Me di cuenta de que, al igual que con las fotos, había agotado su voz grabada…

Estaba devastada, y frustrada. Tanto que empecé a borrar todos sus mensajes, uno a uno…

Hasta que llegué a uno que duraba casi dos minutos…  solía saltármelo porque era una llamada involuntaria, ya saben, de las que haces al sentarte en tu teléfono…

Todo lo que se oye en él es el sonido de una respiración y algunos chirridos, tal vez de la silla en la que estaba sentada mi madre.

Pero ese día escuché el mensaje; de principio a fin esta vez…

Y pude sentir a mi madre en ese silencio, como si estuviera viva, como si yo estuviera espiándola desde detrás de una puerta. Tenía curiosidad por saber más… me pregunté qué estaría haciendo, que estaría pensando…

Empecé a llorar a la mitad de la grabación.

Lloré de felicidad porque al fin la había percibido en ese silencio. Me sentía más que feliz, me sentía en paz… ahí estaba mi madre, viviendo en una interrogación… en una historia nunca escrita.

Borré los otros mensajes y me quedé sólo con ese.

A veces vuelvo a escucharlo… pero no a menudo… tengo miedo de desgastarlo también.»


Copyright Abel González 2016

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