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MODELOS ANTIGUOS

[Un joven atractivo de unos veinte años con una barba de tres días pero aseada. Tiene un aire de indiferencia, como si viviera pendiente de sí mismo.]

«Soy actor… pero me gano la vida como valet en un restaurante de lujo de Hollywood.

Ya sé… soy todo un cliché.

En fin, nos llegan toda clase de clientes… los que siempre se quejan, o los que nunca dan propina, las mamás y sus minivans, las esposas trofeo en sus SUVs, o los tipos en la crisis de los cuarenta en sus deportivos.

Pero hay un grupo en particular que encuentro muy interesante… son siempre gente mayor, hombres o mujeres, pero no muy viejos.. cincuentones o empezando los sesenta… y ninguno aparenta su edad; altos, delgados, elegantes; se nota que eran muy guapos de jóvenes, y algunos aún lo son…

Pero lo más desconcertante es que todos tienen coches de los años sesenta y ochenta, sobre todo Mercedes. Pero no Mercedes normales, no; estos son ediciones limitadas o los modelos más caros de la gama y con todos los extras disponible en aquel entonces además de matrícula y pintura personalizada… puro lujo.

Durante mucho tiempo no podía entender por qué seguían conduciendo estos coches de coleccionista… y de dónde los habían sacado.

Hasta que el otro día esta señora mayor llegó al restaurante en su Mercedes descapotable de 1979. Una belleza, ella y el coche.

Cuando me senté al volante, noté una carpeta de cuero en el asiento del pasajero. No puede evitar curiosear…

Era el portafolio de modelaje de la señora de cuando era joven. Al principio pensé que era obvio. Tenía la pinta.

Pero al rato me di cuenta que esas fotos me habían dado la respuesta al acertijo.

Ese grupo, todos esos bellos ancianos, habían sido actores y modelos en su juventud, probablemente con mucho éxito con apenas veinte años, tanto que se habían gastado sus primeros cheques en coches de lujo, convencidos de que su suerte duraría siempre.

Me sentí mal por la señora, por todo el grupo. Obsoletos, fuera de lugar y de época, devorados y escupidos por Hollywood.

Ese pensamiento me asustó.

Tanto que ya no pienso comprarme ese Porsche cuando triunfe.»


Copyright Abel González 2016

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UNA FICCIÓN REAL

[Un hombre de treinta y tantos. De apariencia progresista, viste con ropa moderna y lleva el pelo desordenado. Es obvio que se considera un intelectual.]

«Mi abuelo era guionista del viejo Hollywood allá por los años cuarenta… pero sólo aparece en los créditos de un par de películas de serie B… si les soy sincero, solía pensar que su carrera había sido mediocre, que se había retirado pronto.

Más tarde me enteré de que también había sido miembro del partido comunista, y que por eso le habían incluido en la lista negra de Hollywood…

Como no podía trabajar como guionista, aceptaba cualquier trabajo para llegar a fin de mes: asistente de producción, iluminador, técnico… incluso de extra.

Una vez, según mi padre, consiguió empleo en una superproducción de Hollywood, un drama romántico ambientado en la Revolución Rusa; propaganda anti comunista de la época…

Mi abuelo, que no sabía de qué iba la escena, se puso su vestuario de proletario y se presentó en un set que recreaba una calle moscovita junto a otro centenar de extras. Allá, un asistente del director les informó que tendrían que desfilar por el set cantando La Internacional, el himno de los trabajadores.

Como saben, esa canción estaba prohibida en los Estados Unidos, así que en vez de enseñarles la letra, el asistente canturreó la melodía un par de veces para que los extras pudieran memorizarla.

Así es. Tan pronto el director gritó “acción”, todos los extras empezaron a tararear La Internacional con más o menos fortuna. Todos menos mi abuelo. Él empezó a cantarla a pleno pulmón, saboreando cada palabra…

Le imagino con una gran sonrisa llena de ironía. Le estaban pagando por pretender hacer  lo que le habían prohibido hacer, y ser, en la vida real.

Esa fue probablemente una de sus mayores victorias…

Estoy seguro de que él hubiera contado su historia mejor que yo.»


Copyright Abel González 2016

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