UNA FICCIÓN REAL

[Un hombre de treinta y tantos. De apariencia progresista, viste con ropa moderna y lleva el pelo desordenado. Es obvio que se considera un intelectual.]

«Mi abuelo era guionista del viejo Hollywood allá por los años cuarenta… pero sólo aparece en los créditos de un par de películas de serie B… si les soy sincero, solía pensar que su carrera había sido mediocre, que se había retirado pronto.

Más tarde me enteré de que también había sido miembro del partido comunista, y que por eso le habían incluido en la lista negra de Hollywood…

Como no podía trabajar como guionista, aceptaba cualquier trabajo para llegar a fin de mes: asistente de producción, iluminador, técnico… incluso de extra.

Una vez, según mi padre, consiguió empleo en una superproducción de Hollywood, un drama romántico ambientado en la Revolución Rusa; propaganda anti comunista de la época…

Mi abuelo, que no sabía de qué iba la escena, se puso su vestuario de proletario y se presentó en un set que recreaba una calle moscovita junto a otro centenar de extras. Allá, un asistente del director les informó que tendrían que desfilar por el set cantando La Internacional, el himno de los trabajadores.

Como saben, esa canción estaba prohibida en los Estados Unidos, así que en vez de enseñarles la letra, el asistente canturreó la melodía un par de veces para que los extras pudieran memorizarla.

Así es. Tan pronto el director gritó “acción”, todos los extras empezaron a tararear La Internacional con más o menos fortuna. Todos menos mi abuelo. Él empezó a cantarla a pleno pulmón, saboreando cada palabra…

Le imagino con una gran sonrisa llena de ironía. Le estaban pagando por pretender hacer  lo que le habían prohibido hacer, y ser, en la vida real.

Esa fue probablemente una de sus mayores victorias…

Estoy seguro de que él hubiera contado su historia mejor que yo.»


Copyright Abel González 2016

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