EL CUERPO Y LA CORPORACIÓN

[Un hombre de cincuenta años vestido de traje.]

«¿Recuerdan ese derrame de desechos industriales hace unos años? ¿El que contaminó nuestra bahía y arruinó a todos los pescadores?

Yo fui uno de los abogados que representó a los pescadores en la demanda contra la corporación responsable. Y, como tal vez ya saben, después de dos largos años de litigación, el jurado se decidió por un veredicto de inocente.

Mis clientes no podían creerlo; Estaban destrozados… les costaba entender cómo el obvio culpable de un crimen podía salir impune de esa forma.

Así que les conté esta historia para ayudarles a entender.

Les pedí que imaginaran que encuentran a un cadáver que ha sido acuchillado varias veces… y al lado del cadáver hay un tipo con un cuchillo ensangrentado en la mano.

El tipo, un claro sospechoso, no se resiste al arresto… de hecho, es muy educado y colabora por completo con la policía.

Como es de esperar, le acusan de asesinato; pero cuando llega el juicio, y para el asombro de todo el mundo, el tipo declara que él no lo hizo, y asegura después que fue su mano derecha la que, actuando por su cuenta, empujó el cuchillo dentro del cuerpo de la víctima…

Así que suben a la mano derecha del tipo al estrado. Y allí, entre sollozos, la mano declara que él sólo estaba sujetando el cuchillo cuando los pies del tipo empezaron a caminar hacia la víctima…

Para confirmarlo, le piden a los pies del tipo que declaren, comenzando con el pie derecho que rápidamente clarifica que fue el pie izquierdo el que dio el primer paso.

El pie izquierdo, acorralado, acusa al corazón del tipo y dice que él le forzó a hacerlo, ya que no se podría haber movido sin su constante suministro de sangre.

Así que también llaman al corazón quien, en un giro inesperado, acusa al cerebro del crimen… “él lo ideó todo” dice.

Y uno pensaría que ese es el desenlace final… ¡el cerebro lo hizo!

Pero no es así porque el cerebro rápidamente se excusa señalando que fueron los ojos del tipo los que seleccionaron a la víctima…

Los ojos, a su vez, acusan a la boca de ser el que llamó a la víctima; la boca hace algo parecido con las orejas, las orejas con la nariz, etc.

Y, al final, el caso está tan embrollado, tan confuso, que es imposible culpar al tipo… o a ninguna de las partes de su cuerpo.

Así que sale en libertad y sin castigo. Igual que en nuestro caso.

Porque, sí, muchos miembros de la corporación se presentaron a nuestro juicio…

Pero entre ellos no había ni una sola conciencia.»


Copyright Abel González 2016

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