DICEN QUE MATÉ A UNA CHICA

[Un hombre de unos sesenta años. Despeinado y con ojeras. Parece un tanto inestable.] 

«Dicen que maté a una chica… pero yo no recuerdo haberlo hecho.

Alguien la estranguló cerca del río y después tiró su cuerpo al agua. Una familia que andaba de picnic la encontró flotando río abajo esa misma tarde.

La policía vino a buscarme a casa a la medianoche; me llevaron a la comisaria, me interrogaron acerca de la muchacha a la que, sí, había visto ese día porque teníamos una cita… nos habíamos conocido en Internet.

Les dije a los detectives que me había marchado del café dos horas después de encontrarme con ella porque me llamaron para hacer un trabajo… yo solía ser fontanero.

La policía me hizo más preguntas; tomaron muchas muestras. Unas horas más tarde dejé de ser libre durante los siguientes veinticuatro años.

Durante el juicio me asombré de la cantidad de evidencia que la policía había encontrado. Mis huellas en el cuello de la chica, mi ADN en la escena del crimen, su piel debajo de mis uñas.

Y, como les dije, yo no recordaba haberla matado. Aún no lo recuerdo.

Le pido que me crean… después de todo, ¿de qué serviría mentir? ¡Ya pagué por el crimen!

El caso es que me estaba volviendo loco durante el juicio. Cuantas más pruebas presentaba la acusación, más obvia era mi culpabilidad, incluso para mí mismo.

Acabé por aceptarlo. La había matado y, de alguna forma, lo había olvidado todo. Ha ocurrido antes. Es un tipo de amnesia selectiva motivada por profundos sentimientos de culpa… al menos así es como me lo explicó el psiquiatra de la cárcel.

Cambié mi declaración a culpable. Según mi abogado (que era un idiota, dicho sea de paso) esa estrategia me salvó de la cadena perpetua.

Tenía treinta y cinco cuando me encerraron. Ahora tengo casi sesenta. Salí ayer.

Lo primero que hice fui visitar el lugar donde encontraron el cuerpo de la chica. Lo hice porque mi mayor miedo, la mayor carga que tuve que soportar en la cárcel, era no saber con total seguridad si yo la había matado. ¿Y si todos estaban mintiendo? ¿Y si era una conspiración?

Tenía que saberlo .

Y tenía la esperanza de que ese lugar me ayudara a reparar mi memoria, que me forzara a recordar. Porque quería creer que yo no era un asesino, que a pesar de toda la evidencia, no podía haber matado a esa chica…

Pero al llegar allá no pasó nada. No pude recordar.

Bueno, sí pasó algo, algo que me sorprendió porque no lo había sentido antes.

Sentí deseos de matar a alguien.

Así que esperé allá hasta que apareció esta mujer haciendo jogging. Fue muy fácil estrangularla. No era muy fuerte. No había nadie cerca. Tiré su cuerpo al río, y luego vine acá… todavía estoy esperando a que llegue la policía.

Tengo una buena excusa esta vez. Después de todos esos años pagando por algo que no hice… tenía que hacerlo. Tenía que saber qué se siente al matar a alguien… y asegurarme de recordarlo esta vez.»


Copyright Abel González 2016

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