[Un hombre de unos sesenta años, calvo pero todavía atractivo. Parece satisfecho, en paz.]
«Susie y yo estuvimos casados durante treinta años. Fuimos felices, muy felices.
Nuestros mejores amigos, los Olsons, también estaban felizmente casados… quizá es por eso es que congeniamos tan bien,
Stuart era un bien tipo, simpático, de buen corazón…
Lizzie, su esposa, también era… es muy guapa, llena de vida… una mujer especial.
Estábamos tan unidos que nos íbamos de vacaciones juntos, pasábamos los fines de semana en su casa, a veces nos reuníamos después del trabajo para tomar unas copas…
Un día Lizzie y yo empezamos a notar que mi esposa y su marido estaban cada vez más unidos… yo por la forma en que Susie miraba a Stuart; Lizzie por cómo Stuart se reía de los chistes de Susie.
Al principio no le dimos demasiada importancia. Después de todo sus personalidades eran muy compatibles, así que era natural que se llevaran tan bien.
En cierta forma Lizzie y yo dejamos que su relación se hiciera más profunda. Hasta les animamos a que fueran juntos al cine o a cenar cuando a nosotros no nos apetecía.
Y sí, por supuesto, teníamos nuestras sospechas. Lizzie o yo mencionamos la posibilidad de que estuvieran teniendo una aventura… y luego nos burlábamos el uno del otro, de nuestros celos, de nuestras inseguridades…
Hasta que hace poco Lizzie me llamó… Stuart le había confesado que estaba enamorado de Susie.
Le pregunté a mi esposa si sentía lo mismo por Stuart y ella lo confirmó. En menos de una semana se mudaron a un apartamento alquilado, listos para pasar el resto de sus días juntos.
Poco después, Lizzie y yo hicimos lo mismo…
Pensábamos que nunca se iban a ir.»
Copyright Abel González 2016
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